miércoles, 4 de marzo de 2009

Conservación


Un Reto a la Conservación

El
estado de Veracruz es mundialmente conocido por su tradicional puerto y la alegría de su gente. Además de sus atractivos turísticos y culturales, cuenta con una gran riqueza de recursos biológicos, que le confieren un atractivo natural a la región. Entre ellos está la Reserva de la Biosfera “Los Tuxtlas“ ¿qué tiene de especial esta área protegida? se preguntarán. Los Tuxtlas, como otras Reservas de la Biosfera, se ha ganado esta categoría, por ser una región con gran diversidad de hábitat, flora y fauna, que la hace muy importante, porque mantiene sanos los ecosistemas y brinda servicios ambientales a los seres humanos. Ejemplo de ello, es la captación de agua de lluvia que recarga los mantos acuíferos, que a su vez utiliza el ser humano en sus actividades diarias.

La Reserva de la Biosfera Los Tuxtlas, se localiza en Veracruz, en la región que limita con el Golfo de México. Tiene una superficie de 155,122 hectáreas y fue decretada el 23 de noviembre de 1998.

Nuestro primer destino para llegar a la reserva, fue Catemaco, Veracruz, ciudad que cuenta con atractivos turísticos como la laguna que lleva su nombre y bellos paisajes en sus alrededores. En Catemaco tomamos una de las “piratas” -que son camionetas de transporte público así conocidas por la gente local- que se dirigía a Montepío. La pirata, además de llegar a Montepío en la Costa del Golfo de México, también tenía en su ruta la Estación de Biología Tropical “Los Tuxtlas”, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), por lo que decidimos visitarla. El área que ocupa la estación fue adquirida por la UNAM en 1967, y desde entonces se realizan trabajos de investigación de su flora, fauna y ecosistemas, por científicos mexicanos y extranjeros de todo
el mundo.

Me comentaba el Dr. Gonzalo Pérez Higareda, director de la estación Los Tuxtlas, que en aquellos tiempos, cuando investigadores como Justino Miranda y Helia Bravo trabajaban en la zona, ya pensaban en la posibilidad de adquirir una porción de selva para la UNAM. Otros estudiosos de aquel entonces, el mismo Dr. Pérez Higareda entre ellos, cuestionaban la ventaja de adquirir una parte, “…si la selva estaba ahí”. Ahora, algunos de ellos reflexionan y reconocen que esos destacados científicos, ya tenían una visión de los tiempos que se vivían y de los procesos de cambio que se vislumbraban en el futuro. “Es que nuestra juventud no nos permitió ver más allá -dice el Dr. Pérez Higareda-, si tan sólo más personas hubiéramos apoyado ese esfuerzo, ahora tendríamos protegidas más de 700 hectáreas”.

La estación del instituto de Biología de la UNAM fue inaugurada en 1984; cuenta con una de las mejores infraestructuras de investigación de campo a nivel mundial, y tiene en su haber destacados trabajos de investigaciones ecológicas a largo plazo. Su superficie forestal está bien conservada y representa diferentes hábitat de la región, como la selva alta y mediana perennifolia (selvas que no pierden sus hojas en ninguna época del año).
A este primer esfuerzo de la UNAM por proteger los recursos naturales, le siguieron otras acciones para conservar la región más norteña de selva tropical en el continente americano. En 1979, fue decretada zona protectora forestal y de refugio de fauna. El 20 de abril de 1982, se le asignó una superficie de 20,000 ha y pasó a la categoría de Reserva Especial de la Biosfera.

Desgraciadamen
te, los procesos demográficos como el crecimiento poblacional en la región, fueron avanzando muy rápido, junto con las principales actividades humanas del campo mexicano. La agricultura y la ganadería han sido para la región de Los Tuxtlas, una de las principales amenazas, que hoy día han acabado con el 90% de la superficie original de la selva. Nosotros fuimos testigos de las grandes extensiones de tierra que han sido deforestadas, para dar paso a los cultivos agrícolas y potreros para el ganado, fomentados por programas gubernamentales como PROCAMPO. Es verdaderamente alarmante ver cómo la selva se ha reducido a pequeños fragmentos de vegetación en los cerros, donde las condiciones topográficas del terreno han detenido un poco la amenaza.

Es sólo hasta 1998, cuando después de varios años de negociaciones con las comunidades de la región, se logra decretar la Sierra de Los Tuxtlas como Reserva de la Biosfera, aunque no todas las comunidades estuvieron de acuerdo, por sentir que su forma de vida tradicional se vería amenazada. Ahora, la dirección de la reserva trabaja “a todo vapor”, para enfrentar la problemática de las comunidades. Algunos aspectos que están promoviendo son el cambio de actitud de los habitantes y la adopción de alternativas de desarrollo, como el ecoturismo. Es una lucha contra el tiempo, porque amenazas como la tala ilegal, incendios provocados, cacería y tráfico de fauna silvestre, persisten hasta nuestros días.

Aun en lugares bien conservados como la estación de la UNAM, se siguen dando prácticas ilegales como la cacería y saqueo de fauna; esto supone un riesgo grande, ya que desde años atrás se ha reflejado en estudios científicos la desaparición de especies de tallas grandes como el jaguar (Panthera onca), el tapir (Tapirus bairdii), el temazate (Mazama americana) y aves como el águila harpía (Harpia harpyja) que se han extinguido localmente, junto con los procesos ecológicos que cumplían en su hábitat.

Algunas comunidades, ahora conscientes de que las actividades agrícolas y ganaderas son de bajo rendimiento por las características fisiográficas de la región -donde los suelos de origen volcánico son someros y pobres-, apoyadas por la reserva han decidido hacer una reconversión de sus actividades tradicionales de campo, por otras alternativas como el ecoturismo.

Queremos creer que aún no es demasiado tarde para rescatar la riqueza biológica de la región de Los Tuxtlas, pero ésta, es una decisión que los habitantes están tomando para enfrentar un futuro que ya desde antes se veía difícil.

Hábitat como los manglares que antes eran vistos únicamente como fuentes de recursos maderables y de extracción de fauna, ahora son valorados por sus dueños como sitios de alto interés para los turistas. Servicios como los que ofrece la red de ecoturismo comunitario de los Tuxtlas (RECT), son una nueva alternativa para la conservación y desarrollo de las comunidades. Esta actividad, es una de las cartas fuertes a las que la dirección de la reserva apuesta, para la integración de los habitantes a una nueva forma de vida.

Nosotros pudimos visitar un par de comunidades donde se ofrecen estos servicios de ecoturismo (Sontecomapan y el Ejido López Mateos); creo que estos son dos buenos ejemplos de lo bien que la puede pasar uno. En “Sonte”, como le llama la gente local, se pueden hacer paseos en canoas por los manglares, observar aves y visitar cascadas con bellos paisajes. Otra faceta de la diversificación ecoturística que brindan las comunidades en el lugar conocido como la Selva del Marinero, es la impresionante vista de la Sierra de los Tuxtlas, con una cubierta forestal bien conservada al pie de la comunidad. En el sitio se ofrecen paseos por el bosque con guías locales capacitados, caminatas a los ríos y pozas, además de que es un excelente lugar para la observación de aves y fauna silvestre.
Lo único que puedo agregar, es que si visitan La Sierra de Los Tuxtlas, no se deben perder éstos y otros paseos. Recuerden que es un trato personal, como en casa, además estamos contribuyendo con alternativas económicas reales para los habitantes del lugar y a la vez conservamos esta importante reserva natural.


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